POZOS PETROLÍFEROS URBANOS EN LOS ÁNGELES (EEUU)

Cuando pensamos en Los Ángeles, nos vienen a la mente imágenes de Hollywood, playas soleadas y tráfico interminable. Sin embargo, pocos saben que esta ciudad esconde un secreto bajo sus calles: más de 1.000 pozos petrolíferos activos, muchos de ellos situados en zonas residenciales, parques e incluso cerca de colegios. Este fenómeno, que puede parecer sacado de otra época, es una parte fundamental de la historia de la ciudad.

El descubrimiento del petróleo y el auge de Los Ángeles

Los Ángeles fue fundada en 1781 como un pequeño asentamiento en el territorio de la Nueva España. Tras pasar a formar parte de México en 1821 y luego de Estados Unidos en 1848, la ciudad experimentó un crecimiento exponencial con la llegada del ferrocarril en 1876. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión ocurrió en la década de 1890 (con una población de 50.000 habitantes), cuando se descubrieron algunos de los yacimientos de petróleo más productivos del mundo en aquel momento.

Aunque los nativos de la región ya usaban alquitrán natural para impermeabilizar canoas y otros objetos, no fue hasta 1892 cuando Edward L. Doheny realizó las primeras perforaciones con cierto éxito. Este hallazgo convirtió a Los Ángeles en uno de los mayores centros de producción petrolera de EE.UU., y para 1930, California generaba casi una cuarta parte del petróleo mundial. Este boom atrajo a miles de personas y disparó la población de la ciudad, que en ese mismo año ya contaba con 1,2 millones de habitantes.

Un paisaje urbano dominado por pozos petrolíferos

Durante la primera mitad del siglo XX, el paisaje de Los Ángeles estuvo repleto de torres de extracción. Las plataformas petroleras se ubicaban en cualquier espacio disponible, incluidas zonas residenciales. Esto se debía a que el petróleo se encuentra a profundidades relativamente bajas (entre 275 y 500 metros) en formaciones de arena del Mioceno, lo que facilitó su explotación.

Uno de los ejemplos más notorios es el Rancho La Brea, conocido por sus pozos de alquitrán, que proporcionó una clara evidencia de la abundancia de hidrocarburos en la región. Esta riqueza petrolera llevó a la perforación masiva de pozos en pleno centro urbano, convirtiendo la ciudad en un escenario donde el desarrollo urbano y la extracción de recursos coexistían de manera caótica.

La transformación y ocultamiento de los pozos

Con el crecimiento de la ciudad y el aumento de la preocupación pública por el impacto ambiental y visual de la actividad petrolera, muchas perforaciones fueron cerradas, especialmente en el centro. Sin embargo, la extracción de petróleo no se detuvo, sino que se adaptó. Para evitar el rechazo de la población, muchas compañías optaron por ocultar los pozos detrás de fachadas que simulan ser almacenes o edificios de oficinas sin ventanas. Así, hoy en día, en Los Ángeles existen miles de pozos activos que pasan desapercibidos.

Además, la tecnología de perforación evolucionó, permitiendo la extracción a través de métodos más sofisticados como la perforación horizontal y vertical desde instalaciones más compactas. Esto permitió continuar con la explotación sin la necesidad de instalar torres visibles en cada sitio.

Los riesgos y el debate actual

A pesar de su discreción, la presencia de pozos petrolíferos en un área metropolitana con más de 10 millones de habitantes plantea serios riesgos ambientales y de salud. Numerosos estudios han señalado que la proximidad de estos pozos a zonas residenciales y escolares aumenta la exposición a contaminantes perjudiciales para la salud, como benceno y metano.

Algunos campos petroleros como Inglewood, con casi 1.000 pozos, siguen operando a gran escala, mientras que otros, como Allenco, han sido cerrados temporalmente por presión ciudadana. Empresas como Freeport McMoRan continúan explotando yacimientos en áreas densamente pobladas, lo que genera un constante debate sobre el equilibrio entre desarrollo económico y bienestar ambiental.

Un legado persistente

Los Ángeles representa un caso único en el mundo: una metrópoli moderna construida sobre un campo petrolero activo. La ciudad sigue siendo el mayor campo de extracción urbana de EE.UU., reflejando una historia en la que la fiebre del petróleo moldeó su crecimiento y paisaje.

Aunque la producción ya no domina visualmente la ciudad como en el pasado, sigue presente de manera discreta, recordándonos que la relación entre el desarrollo urbano y los recursos naturales es más compleja de lo que parece. Y mientras el mundo avanza hacia fuentes de energía más limpias, Los Ángeles aún lidia con su herencia petrolera y los desafíos que esta implica.


Referencias:

Deja un comentario