4.4 Riesgo volcánico

Existen dos clases de riesgos volcánicos: directos e indirectos. Los riesgos directos son fuerzas que matan o lesionan directamente a las personas, o destruyen propiedades o hábitats de la fauna silvestre. Los riesgos indirectos son cambios ambientales inducidos por el vulcanismo que provocan sufrimiento, hambruna o degradación del hábitat. Se estima que los efectos indirectos del vulcanismo han causado aproximadamente 8 millones de muertes durante tiempos históricos, mientras que los efectos directos han causado menos de 200.000, es decir, el 2,5 % del total. Algunos de los tipos más importantes de riesgos volcánicos se resumen en la Tabla 4.3.

Tabla 4.3 Resumen de los principales riesgos volcánicos

TipoDescripciónRiesgo
Emisiones de tefraPequeñas partículas de roca volcánica emitidas a la atmósfera• Problemas respiratorios para algunas personas• Enfriamiento climático significativo que provoca pérdidas de cosechas y hambruna• Daños a aeronaves
Emisiones de gasesEmisión de gases antes, durante y después de una erupción• Enfriamiento climático que provoca pérdidas de cosechas y hambruna• En algunos casos, envenenamiento generalizado
Corriente de densidad piroclásticaMezcla muy caliente (varios cientos de °C) de gases y fragmentos volcánicos (tefra) que fluye rápidamente (hasta cientos de kilómetros por hora [km/h]) por el flanco de un volcánRiesgo extremo: destruye todo lo que encuentra a su paso
Caída piroclásticaCaída vertical de tefra en el área que rodea una erupción• Cobertura espesa de tefra en áreas próximas a la erupción (de 1 km a decenas de kilómetros)• Colapso de tejados
LaharFlujo de lodo y derrubios por un cauce que se aleja de un volcán, desencadenado bien por una erupción o bien por un episodio de lluvias intensasGrave riesgo de destrucción para cualquier cosa situada dentro del cauce; los flujos de lodo de los lahares pueden desplazarse a decenas de km/h
Colapso de sector / avalancha de derrubiosColapso de una parte de un volcán, debido a una erupción o a alguna otra causa, que provoca el colapso de una gran parte del volcánGrave riesgo de destrucción para cualquier cosa situada en la trayectoria de la avalancha de derrubios
Colada de lavaFlujo de lava que se aleja de una abertura volcánicaPersonas e infraestructuras en riesgo, pero las coladas de lava tienden a ser lentas y son relativamente fáciles de evitar

La distinción entre peligro y riesgo

En geología y protección civil, el peligro volcánico se refiere a los fenómenos potencialmente dañinos, como las coladas de lava, la caída de cenizas o las corrientes de densidad piroclástica. El riesgo volcánico depende, además, de la exposición y vulnerabilidad de las personas, edificios e infraestructuras.

Por ejemplo, una colada de lava en una zona deshabitada representa un peligro volcánico, pero puede implicar un riesgo reducido para la población. La misma colada atravesando una localidad puede ocasionar daños muy importantes.

Emisiones de gases volcánicos y tefra

Durante las grandes erupciones plinianas (grandes erupciones explosivas con columnas de gases calientes y tefra que se extienden hasta la estratosfera) de los volcanes compuestos se emiten grandes volúmenes de tefra (fragmentos de roca, principalmente pómez) y gases, y durante algunas erupciones efusivas de muy gran volumen se libera un gran volumen de gases. Uno de los principales efectos es el enfriamiento del clima entre 1 y 2 °C durante varios meses o unos pocos años, debido a que las partículas de polvo y las diminutas gotas y partículas de compuestos de azufre bloquean la luz del Sol. El último acontecimiento significativo de este tipo tuvo lugar en 1991 y 1992, tras la gran erupción del monte Pinatubo, en Filipinas. Un descenso de la temperatura de entre 1 y 2 °C puede no parecer muy importante, pero esa es la magnitud media global del enfriamiento, y este fue mucho más intenso en algunas regiones y en determinados momentos.

Durante un período de ocho meses, en 1783 y 1784, tuvo lugar una enorme erupción efusiva en el volcán Laki, en Islandia. Aunque hubo relativamente poca ceniza volcánica, se liberó a la atmósfera una enorme cantidad de dióxido de azufre, junto con un volumen significativo de ácido fluorhídrico (HF). Los aerosoles de sulfato que se formaron en la atmósfera provocaron un enfriamiento drástico en el hemisferio norte. Se produjeron graves pérdidas de cosechas en Europa y América del Norte, y se estima que un total de 6 millones de personas murieron a causa de la hambruna y de complicaciones respiratorias. En Islandia, el envenenamiento por HF provocó la muerte del 80 % de las ovejas y del 50 % del ganado bovino, y la hambruna posterior, junto con el envenenamiento por HF, causó más de 10.000 muertes humanas, aproximadamente el 25 % de la población.

La ceniza volcánica también puede tener graves consecuencias para las aeronaves, ya que puede destruir los motores a reacción. Por ejemplo, más de 5 millones de pasajeros aéreos sufrieron alteraciones en sus viajes debido a la erupción volcánica del Eyjafjallajökull de 2010, en Islandia.

Corrientes de densidad piroclástica

En una erupción explosiva típica de un volcán compuesto, la tefra y los gases son expulsados con fuerza explosiva y están lo suficientemente calientes como para ser impulsados a gran altura en la atmósfera. A medida que avanza la erupción y comienza a disminuir la cantidad de gas en el magma ascendente, algunas partes se vuelven más densas que el aire y pueden entonces fluir ladera abajo por los flancos del volcán (Figura 4.4.1). A medida que descienden, se enfrían más y fluyen más rápidamente, alcanzando velocidades de hasta varios cientos de kilómetros por hora. Una corriente de densidad piroclástica (PDC) está constituida por tefra cuyo tamaño varía desde bloques hasta fragmentos microscópicos de vidrio (formados por los bordes y las uniones de las burbujas de la pómez fragmentada), además de gases (predominantemente vapor de agua, aunque también incluye otros gases). La temperatura de este material puede alcanzar los 1.000 °C. Entre las PDC más famosas se encuentran la que destruyó Pompeya en el año 79 d. C., causando la muerte de unas 18.000 personas, y la que destruyó la ciudad de St. Pierre, en Martinica, en 1902, causando la muerte de unas 30.000 personas.

Las partes superiores, flotantes, de las corrientes de densidad piroclástica pueden desplazarse sobre el agua, en algunos casos durante varios kilómetros. La PDC de St. Pierre de 1902 se desplazó hasta el puerto de la ciudad y destruyó varios barcos de madera que estaban anclados allí.

Figura 4.4.1 Erupción pliniana del monte Mayon, Filipinas, en 1984. Aunque la mayor parte de la columna eruptiva asciende hacia la atmósfera, hay corrientes de densidad piroclástica que descienden por los flancos del volcán en varios lugares.

Caída piroclástica

La mayor parte de la tefra procedente de una erupción explosiva asciende a gran altura en la atmósfera, y una parte de ella es distribuida alrededor de la Tierra por los vientos de gran altitud. Los componentes de mayor tamaño (mayores de 0,1 mm) tienden a caer relativamente cerca del volcán, y la cantidad producida por las grandes erupciones puede causar graves daños y víctimas. La gran erupción del monte Pinatubo, en Filipinas, en 1991, dio lugar a la acumulación de decenas de centímetros de ceniza en los campos y sobre los tejados de la región poblada circundante. Las intensas lluvias de un tifón que afectó a la isla al mismo tiempo aumentaron el peso de la tefra, lo que provocó el colapso de miles de tejados y al menos 300 de las 700 muertes atribuidas a la erupción.

Lahar

Un lahar es cualquier flujo de lodo o flujo de derrubios relacionado con un volcán. La mayoría son causados por la fusión de nieve y hielo durante una erupción, como ocurrió con el lahar que destruyó la ciudad colombiana de Armero en 1985 (descrito anteriormente). Los lahares también pueden producirse cuando no hay una erupción volcánica, y una de las razones es que, como hemos visto, los volcanes compuestos tienden a ser poco resistentes y a erosionarse fácilmente. También pueden originarse por lluvias intensas y removilización de depósitos volcánicos

En octubre de 1998, el huracán Mitch, de categoría 5, azotó la costa de América Central. Los daños fueron extensos y murieron 19.000 personas, no tanto debido a los fuertes vientos como a las intensas precipitaciones: ¡algunas regiones recibieron casi 2 m de lluvia en unos pocos días! Se produjeron flujos de lodo y flujos de derrubios en muchas zonas, especialmente en Honduras y Nicaragua. Un ejemplo tuvo lugar en el volcán Casita, en Nicaragua, donde las intensas lluvias debilitaron las rocas y los derrubios volcánicos de las laderas superiores, dando lugar a un flujo de derrubios que aumentó rápidamente de volumen mientras descendía a gran velocidad por la pronunciada pendiente y que después arrasó las localidades de El Porvenir y Rolando Rodríguez, causando la muerte de más de 2.000 personas (Figura 4.4.2). El Porvenir y Rolando Rodríguez eran localidades nuevas que se habían construido sin autorización urbanística en una zona que se sabía que estaba expuesta al riesgo de lahares.

Figura 4.4.2 Parte del recorrido del lahar del volcán Casita, 30 de octubre de 1998

Colapso y avalancha de derrubios

En el contexto de los volcanes, el colapso de sector o colapso de flanco es el fallo catastrófico de una parte significativa de un volcán existente, que genera una gran avalancha de derrubios. Este riesgo fue reconocido por primera vez con el colapso del flanco norte del monte St. Helens inmediatamente antes de la gran erupción del 18 de mayo de 1980. En las semanas anteriores a la erupción se había formado un gran abultamiento en el flanco del volcán, como resultado de la transferencia de magma desde las profundidades hacia un cuerpo magmático satélite situado dentro de la propia montaña. A primera hora de la mañana del 18 de mayo, se produjo un terremoto moderado en las proximidades; se considera que este desestabilizó el abultamiento, dando lugar al mayor movimiento de ladera jamás observado en la Tierra. El colapso de esta parte del volcán dejó expuesta la cámara magmática satélite subyacente, haciendo que explotara lateralmente, lo que a su vez dejó expuesto el conducto que conducía a la cámara magmática situada debajo. La erupción pliniana resultante, con una columna eruptiva de 24 kilómetros de altura, duró nueve horas.

En agosto de 2010, una enorme parte del flanco del monte Meager, en Columbia Británica, se desprendió y unos 48 millones de metros cúbicos (m³) de roca se precipitaron valle abajo, en uno de los mayores movimientos de ladera ocurridos en Canadá en tiempos históricos (Figura 4.4.3). En el monte Meager se han producido más de 25 movimientos de ladera durante los últimos 8.000 años, algunos de ellos más de 10 veces mayores que el de 2010.

Figura 4.4.3 Avalancha de rocas del monte Meager de agosto de 2010, en la que se muestra el lugar donde se originó el deslizamiento (flecha, 4 km aguas arriba), su recorrido por un valle estrecho y de fuerte pendiente, y el depósito de derrubios (y el arroyo que finalmente lo atravesó) en primer plano.

Coladas de lava

Como vimos en el Ejercicio 4.4, las coladas de lava de volcanes como Kīlauea no avanzan muy rápidamente y, en la mayoría de los casos, las personas pueden apartarse de su trayectoria (no todas las coladas avanzan lentamente y una evacuación segura depende de las condiciones locales). Por supuesto, es más difícil trasladar las infraestructuras, por lo que los edificios y las carreteras suelen ser las principales víctimas de las coladas de lava.

Geología de España: los riesgos volcánicos de la erupción de La Palma de 2021

La erupción del volcán Tajogaite, en La Palma, entre septiembre y diciembre de 2021, mostró cómo una erupción puede generar distintos peligros volcánicos de forma simultánea. Las coladas de lava destruyeron numerosas viviendas, carreteras y terrenos agrícolas, mientras que la caída de cenizas y las emisiones de gases afectaron a la calidad del aire y a las actividades de la población. Según el Instituto Geográfico Nacional, más de 7.000 personas tuvieron que ser evacuadas. Aunque la erupción finalizó el 13 de diciembre de 2021, las emisiones difusas de dióxido de carbono (CO₂) continuaron siendo objeto de vigilancia en determinadas zonas de la isla. Este episodio demuestra que el riesgo volcánico no depende únicamente de la intensidad de una erupción, sino también de la exposición de las personas y de la vulnerabilidad de las infraestructuras.

Para saber más: Instituto Geográfico Nacional — Erupción de La Palma de 2021

Imagen de satélite de la colada de lava de La Palma llegando al océano Atlántico, captada por Sentinel-2 el 30 de septiembre de 2021. Fuente: ESA/Copernicus

Media Attributions

Ir a 4.3 Tipo de Volcanes

Ir a 4.5 Monitorización y predicción de erupciones