RELATO 10: 2º CERTAMEN DE RELATOS CORTOS GEOTÉCNICOS

Relato 10: El lenguaje de las grietas, por José Miguel García Torres

En la cárcel el tiempo transcurre lento, casi pegajoso, como una gota de miel escurriendo por un vidrio. Por eso buscamos la manera de que pase más rápido. Algunos juegan al ajedrez, otros abrazan las drogas… yo estudio para comprender cómo pude acabar aquí.

Los enterré a las afueras, lo más profundo que pude, en una parcela de mi propiedad. Por aquél entonces estábamos empezando a construir nuestra casa y elegí la ubicación de manera que la fosa quedara bajo la futura zapata de la esquina sur. Así, si alguna vez llegaran a sospechar de mí, por mucho que cavaran y removieran el terreno solo podrían encontrarlos derribando la casa.

Tomé todo tipo de precauciones: avisé de la desaparición y colaboré activamente con la policía, paré la obra un tiempo para evitar que el olor levantara sospechas entre los trabajadores, ofrecí una generosa recompensa para quien fuera capaz de aportar alguna pista sobre el paradero de mi socio y su mujer, colapsando así los escasos medios de la policía. Me comporté, en suma, como un ciudadano ejemplar, y sin embargo, la suspicacia de la inspectora me colocó en el punto de mira.

Pasó el tiempo y aprendí a vivir con la presión de saberme vigilado, pero fue solo tras la aparición de la primera grieta cuando el desasosiego se apoderó de mí. «Es normal», dijo el constructor, «todas las casas asientan».

Mi socio seguía siendo igual de terco incluso después de muerto y a esa primera grieta le siguieron otras, todas en la esquina sur. A petición mía el constructor selló las grietas, que volvieron a abrirse poco tiempo después. La siguiente vez llegó acompañado de un geólogo. «Es muy raro, según el estudio geotécnico el terreno es muy compacto y homogéneo», dijo, «pero las grietas no mienten, algo pasa en esta zona», apostilló. Siguió hablando en una jerga desconocida para mí de la que solo recuerdo palabras sueltas: asiento diferencial, sondeo, micropilotes, recalce, inyecciones… Los despedí con la excusa de que lo pensaría.

Sellé las grietas varias veces por mi cuenta, pero siempre acababan abriéndose. Me rendí y renuncié a taparlas, pero me obsesioné con ellas hasta el punto de llevar un registro pormenorizado de su longitud, abertura y cualquier mínimo cambio en su dirección. Registraba incluso la temperatura interior y exterior, los fenómenos meteorológicos y toda clase de parámetros que se me ocurrían, todo ello varias veces al día.

Cuando mi mujer me dejó —ya completamente desquiciado— mis notas, antes pulcras y ordenadas, se habían convertido en un galimatías indescifrable; y las grietas, a mis ojos, parecían dilatarse y contraerse como si la casa tuviera vida propia y respirase.

En ese estado de agitación me encontraba cuando la policía se presentó con una orden de registro. Una fatal casualidad hizo aflorar la pista que convenció al juez de que tal vez la intuición de la inspectora no iba desencaminada. Multitud de agentes escudriñaron la casa de arriba a abajo, levantaron los suelos, excavaron en el jardín y hasta trajeron un georradar que detectó la tumba de un burro cuya existencia yo desconocía. Con el transcurso de las horas la frustración se hizo patente en el rostro de los agentes, a la par que mi sorpresa. ¿Era posible que no se dieran cuenta? Miraba las grietas, que parecían exclamar: ¡eh!, ¡estamos aquí! Sin embargo, los policías parecían no ser capaces de escuchar la voz rasgada de mi socio, ¡que cada vez se lamentaba más y más fuerte! Cuando dieron la búsqueda por concluida una estentórea carcajada brotó de lo más profundo de mi ser. «¡No pueden oírlo! ¿Pero acaso no lo ven? ¡Las grietas, miren cómo hablan las grietas! ¡Ellas no mienten! ¡Allí están enterrados, bajo la zapata de la esquina sur!»

¿Que si me arrepiento? Sin duda. Debí haber empleado una cimentación profunda.

Relato 10: El lenguaje de las grietas, por José Miguel García Torres

Un comentario

  1. Acabo de leer esto de mi super amigo Josemi y no me extraña nada lo BUENO que es, empezando por el y despues su artículo. Muchos abrazos.

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