11. – ¿ CUÁL ES EL ORIGEN DE LOS SUELOS?

100 Preguntas Esenciales en Geotecnia

Cuando observamos un suelo en obra, ya sea en un talud, una excavación o un sondeo, en realidad estamos viendo el resultado de una larga historia geológica. El suelo no aparece de forma espontánea: es el producto de la transformación progresiva de las rocas bajo la acción del tiempo y del ambiente.

Todo suelo procede, directa o indirectamente, de una roca preexistente que ha sido sometida durante miles o millones de años a distintos procesos de alteración. Estos procesos actúan de forma combinada y continua. Por un lado, los procesos físicos fragmentan la roca mediante cambios de temperatura, ciclos de humedad y sequedad, o la acción del hielo en las fisuras. Por otro, los procesos químicos transforman los minerales originales, disolviéndolos o generando nuevos minerales más estables en condiciones superficiales. A ello se suman los procesos biológicos, asociados a raíces, microorganismos y materia orgánica, que aceleran la degradación.

El resultado de esta evolución es la pérdida de continuidad de la roca y su transformación en un material disgregado, con partículas independientes y una cantidad importante de huecos. Así se forma el denominado perfil de meteorización, en el que la roca sana aparece en profundidad y el suelo ocupa las zonas más superficiales.

Cuando ese material permanece en el mismo lugar donde se ha formado, se habla de suelos residuales. Estos suelos conservan una relación directa con la roca de origen y suelen presentar cambios graduales con la profundidad. Desde el punto de vista geotécnico, son materiales complejos, con estructuras heredadas y propiedades que no siempre se ajustan a los modelos clásicos.

En muchos casos, sin embargo, el material generado no permanece en su lugar de origen. La gravedad, el agua o el viento lo movilizan y lo depositan en otras zonas, dando lugar a los suelos transportados.

Un caso especialmente frecuente es el de los suelos coluviales, que se forman por el desplazamiento del material ladera abajo bajo la acción de la gravedad. Suelen acumularse al pie de pendientes y presentan una mezcla poco ordenada de tamaños, desde bloques hasta finos. Desde el punto de vista geotécnico, son suelos muy heterogéneos y a menudo poco compactos, lo que puede dar lugar a comportamientos imprevisibles y a problemas de estabilidad en taludes.

Coluvión en una ladera. Fuente: Pline – Own work, CC BY-SA 4.0, Hautes-Alpes, France

Los ambientes fluviales generan depósitos de gravas, arenas, limos y arcillas organizados en capas, con propiedades que dependen de la energía del agua. Las gravas y arenas suelen ser permeables y relativamente resistentes, mientras que los sedimentos más finos depositados en zonas tranquilas son más compresibles y de drenaje lento. En los ambientes estuarinos y marinos, predominan los suelos finos, a menudo con materia orgánica, que dan lugar a materiales blandos y muy deformables.

En las zonas costeras, los ambientes litorales y de llanura costera combinan depósitos marinos, fluviales y eólicos, dando lugar a suelos muy heterogéneos, con alternancia de arenas, limos y arcillas, a veces con niveles salinos o cementaciones parciales. Los ambientes lacustres, asociados a lagos y zonas de aguas tranquilas, producen sedimentos muy finos, generalmente limos y arcillas, con baja permeabilidad y elevada compresibilidad, que pueden experimentar asientos importantes bajo carga.

Otros agentes de transporte generan suelos con características particulares. Los depósitos glaciares suelen ser muy heterogéneos, con una mezcla caótica de tamaños de partícula, desde bloques hasta arcillas, lo que se traduce en un comportamiento geotécnico difícil de predecir. En cambio, los depósitos glaciofluviales, asociados al deshielo, suelen estar mejor seleccionados y dar lugar a gravas y arenas de buena capacidad portante. Los suelos eólicos, formados por la acción del viento, presentan partículas bien seleccionadas y estructuras ligeras; aunque pueden mostrar una rigidez aparente en estado natural, son sensibles a los cambios de humedad y pueden colapsar al saturarse.

Ambiente costero con sedimentos blandos y contenido en materia orgánica. Fuente: Mason Summers en Unsplash

Desde el punto de vista geotécnico, el origen del suelo condiciona propiedades fundamentales como la granulometría, la estructura interna, la permeabilidad, la resistencia y la deformabilidad. Dos suelos con aspecto similar pueden comportarse de forma muy distinta si su historia geológica es diferente.

En definitiva, el suelo no es un material cualquiera, sino el resultado de un proceso natural complejo que combina alteración, transporte y sedimentación. Comprender ese origen es esencial para interpretar correctamente su comportamiento y evitar sorpresas durante la obra.

Imagen de portada: Ambiente fluvial con gran energía. Aporte de materiales de tamaño importante. Fuente: Sora Yamagake en Unsplash

Bibliografía utilizada

  • Vallejo, M. (2002). Ingeniería Geológica. Prentice Hall.
  • Hunt, R.E. (2007). Characteristics of Geologic Materials and Formations. CRC Press.
  • Das, B.M. (2014). Principles of Geotechnical Engineering, 8ª ed. Cengage Learning.
  • Holtz, R.D., Kovacs, W.D. & Sheahan, T. (2011). An Introduction to Geotechnical Engineering.
  • Price, D. (2009). Engineering Geology: Principles and Practice. Springer.

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