Del riesgo geológico al reclamo turístico
Hoy, quien pasea por el Parque de La Grieta de Benamejí (Córdoba) encuentra senderos, zonas verdes, miradores y unas magníficas vistas sobre el valle del Genil. Cuesta imaginar que ese mismo lugar fue durante siglos una de las mayores amenazas para la propia existencia del municipio. Lo que hoy es un atractivo turístico fue durante mucho tiempo una grieta capaz de destruir viviendas, obligar al desalojo de familias enteras y movilizar una de las actuaciones de estabilización de laderas más interesantes ejecutadas en España.
La historia documentada del deslizamiento comienza en 1739, aunque todo indica que el fenómeno era muy anterior. Desde entonces, la ladera situada al sur del municipio ha experimentado sucesivas reactivaciones que han condicionado el crecimiento del municipio. El episodio más dramático tuvo lugar en 1963, cuando laa cabecera del deslizamiento retrocedió varios metros hacia el casco urbano, provocando la destrucción de decenas de viviendas y dejando a numerosas familias sin hogar.
Lejos de desaparecer, el problema volvió a manifestarse en 1989, tras un periodo de lluvias excepcionalmente intenso. En esta ocasión se movilizó aproximadamente un millón de metros cúbicos de terreno, afectando a unos 600 metros de coronación y obligando nuevamente al desalojo de numerosos vecinos y a la construcción de 147 viviendas para su realojo.
Ni siquiera después de la gran intervención ejecutada entre 1998 y 1999 la ladera ha dejado completamente de moverse. En 2010, tras otro episodio de lluvias extraordinarias, se detectaron pequeños movimientos en los extremos de la zona estabilizada que obligaron a realizar nuevas actuaciones de mantenimiento. Y en el último periodo extraordinario de lluvias de febrero de 2026 han vuelto a aparecer grandes grietas que han obligado a la Diputación de Córdoba a estudiar de nuevo el fenómeno.
Cuando se habla de Benamejí suele hacerse referencia a «La Grieta». Es la manifestación superficial de un enorme deslizamiento rotacional que afecta a prácticamente toda la ladera situada entre el núcleo urbano y el río Genil.
La masa movilizada alcanza cerca de 900 metros de longitud, mientras que la grieta principal de tracción supera los 400 metros y penetra incluso dentro del casco urbano. El plano de rotura llega a profundidades próximas a los 25 metros, movilizando millones de metros cúbicos de materiales arcillosos.


La ladera forma parte de un complejo olistostrómico, un enorme conjunto de materiales desplazados tectónicamente durante la formación de las Cordilleras Béticas. El resultado es un auténtico rompecabezas geológico: arcillas versicolores, margas, calcarenitas, bloques calizos y materiales triásicos aparecen mezclados de forma caótica, separados por contactos mecánicos, fallas y superficies de debilidad.
Y desde el punto de vista geotécnico, esto significa que el terreno no se comporta como un macizo rocoso continuo. Se trata de materiales blandos, muy alterados, intensamente fracturados y con una resistencia muy condicionada por la presencia de agua.
Durante muchos años se pensó que el problema estaba únicamente en la geometría de la ladera. Pero las investigaciones desarrolladas por el IGME y el CEDEX demostraron que la explicación era mucho más compleja.
El agua infiltrada en la plataforma sobre la que se asienta Benamejí circula lentamente por las capas más permeables y acaba descargando hacia la propia ladera. Ese flujo natural se veía incrementado además por antiguas pérdidas de la red de abastecimiento, y cuando llegan periodos prolongados de lluvia, las arcillas se saturan (como en el pasado mes de febrero ). Al aumentar las presiones intersticiales disminuye la tensión efectiva y, con ella, la resistencia al corte del terreno.
Hasta finales del siglo XX las actuaciones realizadas fueron, en gran medida, respuestas a las consecuencias del deslizamiento (modificaciones de la geometría, principalmente). La gran diferencia llegó tras las investigaciones desarrolladas en 1997. Por primera vez se construyó un modelo geológico, hidrogeológico y geotécnico suficientemente completo como para entender cómo funcionaba realmente la ladera.


La estabilización fue un sistema integral. Primero se ejecutó una pantalla de 22 pozos drenantes de 1500mm de diámetros, de unos 50 metros de profundidad, destinada a interceptar los flujos preferentes de agua y rebajar el nivel piezométrico.
Después se construyeron dos líneas de contención profunda o “pasadores”: La superior estaba formada por 37 módulos pantalla de hormigón armado, mientras que la inferior se resolvió mediante 22 pilotes de gran diámetro, capaces de transmitir los esfuerzos al terreno estable situado por debajo de la superficie de rotura.
En la coronación se ejecutó además un muro de soil nailing para estabilizar el escarpe superior, acompañado de tratamientos superficiales, drenajes y revegetación destinados a controlar la infiltración y la erosión.
En resumen: no bastaba con sujetar la ladera; había que controlar también el agua. La estabilidad de una ladera depende tanto de la geología como de la hidrogeología, y que ambas deben formar parte del mismo modelo conceptual antes de diseñar cualquier solución.


Una de las partes más interesantes de la actuación fue la instrumentación instalada durante la obra. Inclinómetros, piezómetros y extensómetros permitieron comprobar el comportamiento real de las estructuras y verificar que el modelo de cálculo describía correctamente el funcionamiento del conjunto. Los registros mostraron tensiones muy inferiores a la capacidad resistente de las armaduras y una notable reducción de los movimientos.
Hoy La Grieta forma parte del paisaje de Benamejí. Lo que durante generaciones simbolizó el miedo se ha transformado en un espacio natural visitable, con senderos, miradores y zonas verdes que permiten recorrer la propia cicatriz del deslizamiento.
Paradójicamente, el mismo fenómeno que obligó a desalojar viviendas es ahora uno de los principales atractivos del municipio, pero la ladera sigue siendo un sistema natural complejo que requiere vigilancia, mantenimiento y seguimiento continuo.
Referencias:
Web del Ayuntamiento de Benamejí: “La Grieta de Benamejí” https://lagrietadebenameji.com/
Web del IGME: https://info.igme.es/eventos/Deslizamiento%20de%20Benamej%C3%AD
Ferrer, M., García J. C. e Iglesias, A. (2000). Control geológico e hidrogeológico de un gran deslizamiento (Benamejí, Córdoba). Boletín Geológico y Minero. Vol. 111-6, 45-62. ISSN 0366-0176 https://web.igme.es/boletin/2000/111_6-2000/3-CONTROL.pdf
Sopeña, L.M. y Estaire, J. (2000). “Dimensionamiento de las pantallas de contención del Deslizamiento de Benamejí» Simposio sobre Geotecnia de las Infraestructuras del Transporte. Barcelona. pp. 649-658. https://semsig.org/wp-content/uploads/2025/06/2000-Infraestructuras-del-transporte.pdf
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